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De Palabras y Otras Historias

Estampas playeras en oro blanco y diamantes.

De como algunas caras viven de sus cruces en simbiosis parasitaria.



Falta todavía mucho para que el sol llegue a la perpendicular, pero el calor ya alcanza el grado en que el sudor se derrite entre la piel y la brisa.

Las cepilladoras aran la arena con sus escobas de madera y las niñas, inclinadas, buscan entre las piedrecitas con vista y tiento para diferenciar entre las piedras piedras y los diamantes en bruto, que siempre se esconden y juegan a ser piedra sencilla e inocente para hacer aún más difícil el trabajo de dejarse encontrar.

Ya hace un tiempo desde la última inspección de gente blanca, y el patrón no tiene aviso que se vayan a producir próximamente, así que las mujeres se traen a los hijos para trabajar más y más rápido, que siempre es una alegría saber que se tienen unas monedas escondidas para las sequías por venir. Pero hay que tener mucho cuidado, que algunos hombres entienden el lenguaje de las monedas, y las oyen cantar desde los escondites secretos de las mujeres, y las encuentran y las gastan en otro tipo de agua y en otro tipo de alimento que no sirve para alejar el fantasma del hambre de los hijos. Aquí hay niños que chupan de la teta vacía de una madre seca mientras ella recoge piedras de sangre

Y es que a veces aparecen por entre las olas turistas blancos despistados que miran a las cepilladoras con cara de haber entrado de golpe en otra dimensión, lo que seguramente es cierto, pues con sólo nadar unos escasos metros fuera de la « zona de seguridad » de la playa del hotel, el atrevido turista puede pasar del lujo sibarita y el confort oriental de la África para ricos, al mundo real donde mujeres y niños rebuscan a mano en la arena de la playa los diamantes que pronto lucirán en las manecillas de ese estupendo reloj que alguien comprará a módico precio en algún negocio del lejano planeta de lo exquisito.

Noche y día esos dos mundos, las caras de una misma moneda que viven en aparente simbiosis que es sin embargo simple sistema parasitario; sin la explotación de los diamantes no hay comercio de lujo, y los comerciantes de lo lujoso parasitan los países y explotan a las personas para conseguir ese producto sólo para los ojos del millonario y que nunca, oye, nunca podrán comprar a un precio satisfactorio: siempre querrán pagar menos.

El diamante, esa piedra embustera que compra países y paga putas de lujo y políticos corruptos en todo el mundo, que cambia amistades y mentiras en verdades, ese diamante que vale su peso en la sangre de la gente que lo cosecha.

Por eso, cuando en la empresa itsmybinky decidieron gastarse 17.000 dólares en un regalo para una niña recién nacida en Namibia, y escogieron el oro blanco y los diamantes para fabricarlo, no podía haber hecho mejor elección: los diamantes y el oro blanco son los dos productos principales en Namibia, y ambos productos se cultivan junto al mar; los diamantes en la playa, el oro blanco en islas artificiales. Hermoso símbolo pues.

Pero mejor no les decimos que el «oro blanco» que se cultiva en esas islas artificiales en Namibia es en realidad el guano de los cormoranes.

Hermoso símbolo también, por cierto, el guano como oro blanco.

Archivado en con fecha 23/jun/2006 - 0 comentarios

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