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De Palabras y Otras Historias

Una lata de atún.

De como cuando los políticos siembran odio, los ciudadanos recolectan violencia, y de como cuando el odio escupido en los púlpitos de los oradores salpica hasta la cola de un supermercado, una puede tener la amarga certeza de que la sociedad está perdida.



Cola de un supermercado, 5 y diez de tarde. Pan para bocatas, avíos para ensalada, una lata de atún en aceite de oliva. De las dos cajas, una tiene problemas técnicos, toda esa gente se ha tenido que pasar a la otra cola. El efecto estrés ambiental no se hace esperar.
Observo a mi alrededor este ecosistema cambiante. Más o menos 10 minutos de cola, que en la cabeza resuenan como si fueran 20 ó 30, hay que ver cómo de desacompasado va el reloj mental respecto al reloj de muñeca cuando se está en la cola de un supermercado, y no te has traído ni un puñetero libro para por si acaso, cuanto mar de tiempo, que mal aprovechado, que desperdicio, lo que me cundirían a mí 10 minutos (20, 30...) en cualquier otro lugar del mundo que no fuera este super y esta cola.

Y yo ahora no meto la mano en el bolso para sacar el cuadernillo y la pluma, que saltan las alarmas antirrobo en la cara de la cajera...

Vaya, cambio de cajera, qué casualidad! Esta chavala es más simpática, bueno, quiero decir que es más normal que la otra, que ya es algo.
Mira, por allá va otra vez esa señora tan mayor que estaba antes junto conmigo delante de las conservas, con aquella cara de cansada y arrastrando aquellos pies que dolían de puro vividos. Yo cogí unas latas de atún en aceite de oliva, que es mucho más sano. Ella una de atún en aceite normal, que es mucho más barato.

Saco el cuadernillo?

Ná, no merece la pena.

Tendría que empezar historia nueva, y ahora no me apetecen empieces. También podría seguir con la que estoy escribiendo en el ordenata con el word... no, tampoco, que hemos dicho que nada de trocitos por aquí y cachitos por allá, que luego se pierde un tocho y conociéndonos, no lo reescribimos, eso fijo... Además, creo que el cuadernillo está terminado, habría que sacar el viejo y meter el nuevo en la funda de viaje de escribir por la calle. Mucho lío, eso hay que hacerlo en casa, no es plan.

Si es que mira que hay gente hoy a esta hora, dios, qué pasada.

Pues nada a falta de libro, a leer gente, que por lo menos están más a mano.

Gente normalilla, compra de gente con niño, carrito de ama de casa alcohólica encubierta, cesta de soltero con cena para dos en perspectiva, viejecilla con muchos gatos, la señora mayor con su lata de atún, que da vueltas de caja en caja a ver en cual hay menos gente, una chavalina joven tonteando por móvil, varias caras oscuras, un niño en carrito.

Bonito.

Me gusta el cuadro que forma la gente.

La señora de la lata de atún, pobre, se ve que ya no aguanta más. Pero no me ve. Le estoy haciendo señas que se acerque, pero la mujer lo único que quiere ver es la calle, y el bosque de gente no le permite verla.

Por fin me ve y comprende.

-Pase usted delante, señora.- sonríe cansada en vez de contestar que gracias.

-Aaaaaáh! Pero esta gente que se ha creído, encima que tienen todo el tiempo del mundo, que no tienen nada que hacer nada más que estar planeando cual será el próximo robo, estos criminales, que son todos unos ladrones que para lo único que están aquí es para robar y aprovecharse de la caridad cristiana mal entendida de Europa!"

Y entonces es cuando me doy cuenta que la señora de la lata de atún es negra.

La verdad es que antes no me había fijado en ese detalle.

La había visto vieja, cansada, había visto que emanaba fuerza, que no andaba muy sobrada de posibles, que tenía algo dentro, una dignidad majestuosa que se podía sentir... pero no me había parado en procesar el detalle del color de su piel. Sociológicamente, digo. Curioso, no?

Pero la señora de atrás, por otra parte, igual de mayor que la "negra", sí que se ha apercibido del detalle de lo del tono.
-Señorita cajera, esa negra, que se está colando, haga usted algo!

La cajera quiere comenzar a pedirle a la señora (negra) que se ponga al otro lado de la cola, cuando ella contesta en francés que "esta chica me ha dicho que pase". No la entienden, claro.

-Vamos, qué se ha creído, estos inmigrantes son todos iguales, y encima para qué querrá ella colarse, si no tendrá ni oficio ni beneficio, que aquí vienen todos a robar y aprovecharse de nuestro bienestar, que se ponga a la cola, esa negra por delante de mí no pasa, que este país es nuestro, y no de estos sin respeto. ! ( tras el discurso, algunas caras se encienden entre el orgullo de raza propia y el odio a la ajena, y eso me exaspera… siento que puedo estallar, son demasiadas cosas las últimas semanas, demasiado odio, demasiada vergüenza ajena, y ahora he llegado al límite, ahora que viene esta "señora" a ponerse así por una lata de atún...tengo que guardar la compostura, no le puedo dar razones para afirmar que « todos » los inmigrantes son iguales, que sea ella la que caiga, yo arriba.)

-Es que yo le he dicho que pase primero. -contesto metiendo las manos en los bolsillos de la chupa porque me tiemblan..

-Ah, sí?! Pues yo no quiero que pase, ea!- repone ella como quien está acostumbrada a imponer la ley con sólo nombrar las cosas, y que encima le hagan caso.

-Pues qué mala suerte para usted, señora, porque yo estoy delante y sí la dejo pasar. -Dios, mis manos ! Se está produciendo un terremoto de rabia dentro de los bolsillos de mi chupa.

-Habrase visto semejante falta de respeto para con las canas, cómo está la juventud, Dios mío, adónde vamos a ir a parar –la que no para es ella mientras le confirmo a la cajera lo de « la negra », pero esta buena señora sigue soltando su discurso, es que no para, es que no para, y cómo me está hirviendo la sangre... mis manos tampoco paran de temblar, pero no quiero que se vea.) adónde va este país (golpes de pecho, incrédula) que cualquiera puede venir de quién sabe donde y hasta colarse en los supermercados, y mientras la juventud faltándole a las canas !-La interrumpo, cortante pero sonriente y amable, pantojesca de tanto diente, que rabie ahora ella un poco la muy racista.

-No señora, verá usted ; es que a mí me educaron muy bien, sabe, y lo que he hecho es precisamente honrar las canas de esta otra señora que peina tantas como usted, y que aunque sea de color, sólo lleva una miserable lata de atún y a mí me da la gana de dejarla pasar igual que me daría la gana de levantarme para dejarle a usted misma mi asiento si viajáramos en autobús. (Me oigo y no me puedo creer lo que oigo de mis labios, pero me está empezando a fallar la confianza, la rabia me está haciendo salir el acento y la buena señora lo aprovecha. Me mira sopesando mis rasgos, intentando ubicarme racialmente. Duda; sudaca, mora... esta es la parte que siempre me divierte.)

-Claro, tú como eres de esas, menuda panda estáis todos hechos, pero si a vosotros qué más os da, si sois todos unos desocupados y unos…

-Señora, que yo a usted no tengo el gusto, cómo sabe usted lo de mi hoja de penales?
Momento crítico: la cajera ha terminado con el cliente antes que nosotros, y la señora de atrás intenta torpe y absurdamente colarse delante « de la negra » y de mí misma, pero yo, con dos ovarios y un olé planto la lata de atún delante de la cajera, y empujo a la señora negra para que pase. La de atrás está que trina, y literalmente.

-Pero es que se va a consentir esto ! Pero es que en el mundo no hay… ! (lo que no hay en el mundo no lo llegó a saber nadie, porque yo me vuelvo y le digo, más cortante que nunca y rozando el límite autoimpuesto de compostura )

-Mire, señora, aquí lo que pasa es que hay una cola tremenda y una persona con un sólo producto, y en esas situaciones yo SIEMPRE dejo pasar, SIEMPRE, comprende ?! (contrólate, contrólate, organiza esas manos, compórtate)

-Pues yo no lo hago NUNCA, me oyes, NUNCA! (también es curioso que yo antes era « usted », y ahora que mi lengua me ha definido con su acento soy « tú »… )

-Pues yo lo hago SIEMPRE, me oye, SIEMPRE! Fíjese si lo hago siempre que hasta a los ESPAÑOLES les dejo pasar ! Vamos, hasta a los españoles racistas, señora, que todavía hay clases y a mí me dieron muy buena educación! (diente, mucho diente, que rabie bien y sea ella la que quede por mal educada…)

-NUNCA, NUNCA (ya me he dado cuenta que a la mujer se le encasquilla el discurso y se repite mucho, pero eso me vale a mí para reforzar mis posiciones)

-Ah, usted no lo hace nunca ?! Pues esa falta de amor al prójimo es algo muy poco cristiano, señora, y yo creía que este era un país muy fervoroso ! (lo repito : yo misma me oía y no me creía las salidas que estaba teniendo…)

“La negra” recoge su lata de atún, pagada de a centimito a centimito, para más inri. Mira (avergonzada) y saluda con su sonrisa cansada. Por fin me toca, la cajera pasa mi pan, rabanitos, lechuga y atún en aceite de oliva, y yo mientras tanto comento con ella que mira, parece que ya se ha arreglado la otra caja, intentando parecer lo más natural y relajada posible, aunque la chica se da cuenta del jaleo que estoy formando en el fondo abismal del bolso porque mis manos no responden. La de atrás busca refuerzos entre el público, pero la gente está por fin medio divertida medio avergonzada, y la buena señora se come su rabia en salsa, con grandes gestos, premoniciones sobre el hundimiento de la Patria y demás lindezas oraculosas del mismo sino con las que regala a un auditorio al que ya no convence porque se ha pasado de cruel.
Consigo controlar mis manos y pagar, toda una proeza, y todavía me quedan arrestos para rematar la faena, así que cojo mis cosas, saco dientes hinchados de hipócrita amabilidad, y digo así en general para todo el mundo :

-Hala, pues que tengan ustedes un buen día.

Golpe de melena y caderazo al aire como punto final.

En la calle, a unos 10 metros del super, « la negra » espera apoyada contra la mampara de la parada del autobús, y yo me paro frente a ella abriendo en el armario de los idiomas la carpeta « francés ».

-Le queda a usted mucho para llegar a casa, señora?

-15, 20 minutos. Con suerte me puedo sentar.

-Pues nada, a ver si viene pronto el bus, que con esto de las obras nunca se sabe.

-Muchas gracias por todo. Por dejarme pasar y por lo otro…

-No pasa nada. Hay que educar a la gente.

-Pero ahora esa señora estará enfadada con todos los inmigrantes…

-Ah ! Y antes no lo estaba? Pero lo importante es que la otra gente sepa que eso no se puede consentir, que no hay que tener vergüenza de enfrentarse a las cosas con las que uno no está de acuerdo, aunque yo misma me estaba muriendo de nervios, pero hay que estar ahí.

-Mi autobús.

-Que se pueda usted sentar, y que llegue pronto.

-El viernes voy a rezar por ti.

Se va en el autobús, sentada, y yo me quedo pensando en las cosas tan extrañas que tiene la vida.
Cómo es posible que a una pedazo de atea irrecuperable como yo se le haga tan cálida al corazón esa oración prometida para mañana por una desconocida.

Archivado en con fecha 02/jun/2006 - 1 comentarios

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Comentarios

Termo dijo hace 3 años y 41 meses:

Delicioso relato, como siempre. Hasta sentía que era yo quien rebuscaba en los bolsillos... jajajaja

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