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De Palabras y Otras Historias

Miedo III

De cómo las heridas abiertas no se curan en algunas memorias porque nunca nadie pidió perdón.




El pañal aprieta.

La criatura mira el techo, demasiado débil para levantar su frágil nuca, demasiado descoordinado físicamente para poder articular un movimiento que lo levante de esta cama con barras, demasiado inconsciente de su naturaleza humana para poder comunicar con palabras lo que expresan sus sollozos y lamentos.

Quisiera darse la vuelta, pero está condenado a ser uno con su colchón. Su espalda, cordón umbilical y representante de la ley de la gravedad de su situación, le mantiene adherido a la horizontalidad forzosa a través de toda la extensión de las doloridas vértebras, y las gelatinosas carnes que las rodean.

Y Madre sin venir…

"Y esa pedazo puta de la enfermera, que se pasa 20 veces por delante de la puerta y la mu cabrona no se rebaja a darse por enterada que la estoy llamando. Un palo en todo el lomo es lo que le daba yo…"

Si no tuviera tantos años también le daba algunas cosas más a la enfermera, pero la criatura ha vivido ya lo suyo y el poco gas que le queda es justamente el suficiente para cumplir con el supremo esfuerzo de hinchar los pulmones latido tras latido con la compulsividad del que se resiste a asfixiarse. Y es que el viejo es lo suficientemente cabezota como para no dejarse morir sólo porque piensa, sabe, que con eso haría feliz a mucha gente.

Se dio cuenta la vez que Rosario, tiesa como la estatua de la Venganza, al verle pasar de vuelta de la UCI todo entubado y con el hálito del que ha estado más pallá que pacá pero ha sobrevivido in extremis, le dijo mirándole a los ojos desde el quicio de su habitación « A todo cerdo le llega su San Martín » .

Luego, como tonto él no es, los cuchilleos, las miradas furtivas llenas de expectación, los interrogatorios a los médicos y los pasantes que venían a visitarlo… todo el mundo estaba deseando verle morir.

« Pues que se esperen sentaos, que de pie se van a cansar los viejos estos de la mierda ! »

Y entonces se solía sumir en sueños y recuerdos de tiempos mejores.

Há ! Que le quitaran a él lo bailao !

« A ver quién es el guapo que me quita a mí la película de mi vida, que la puedo pasar por delante de mis ojos todas las veces que me de la gana ! Y cuando se me olvidan cosas, relleno los trozos con cosas todavía mejores de las que en realidad ocurrieron, osea que… !»

Esos bailes de jóven, tan guapo, tan elegante él. Lo bien que lo pasaba, siempre tenía una novieta a quien impresionar con los dos potentes brazos que cargaba.

Cuantas mujeres, cuantas caras !

Todas me temieron, a todas ordené!

Las pocas que se me escaparon… les hize polvo la vida. Há ! O yo, o nadie, vaya que sí.

Madre, madre, dónde está usted que no viene ! Me duele tanto, me duele tanto respirar…

La familia lo ingresó en su primer asilo hace ya… casi 20 años, seguro. El hombre nunca fue muy popular, tenía fama de violento y desagradable. Cuando vio que sus esfuerzos por quedarse en casa no iban a salvarle del asilo, se dejó hacer. Puso cara de ovejita abandonada, se declaró unos días en huelga de hambre, consiguió que todos los médicos pensaran que su familia era cosa de la peor calaña al abandonar a un hombre así, él, tan bueno, que sólo quería un poco de atención y nada más.

Pero luego, con el paso de los días, los meses… todo el mundo empezó a tenerle miedo. Miedo, pero miedo de verdad, no cualquier cosa.

El hombre tenía un don de mando, una autoridad natural que no se podía obviar, pero además tenía también la suficiente cabezonería, incluso la suficiente mala hostia, como para reorganizar la vida de cualquier persona que se le pusiera por delante sin perdón ni permiso. Y ay de aquel que intentara quedarse fuera !

Además, la mayoría de los ancianos lo conocía… de antes.

Y eso hacía mucho, claro.

El viejo solloza con los ojos cerrados, momento que aprovecha una enfermera para entrar a controlarle la tensión e inyectarle sus medicinas.

« Puta, que te crees que no te veo, que me quieres envenenar, so puta ! »

La enfermera sabe lo que el viejo está diciendo, bueno, intuye el sentido de los sollozos del hombre, pero ese murmullo informe hace ya tiempo que dejó de ser comprensible para nadie.

Su mano se cerró bruscamente sobre la muñeca de la enfermera con una garra de hierro inimaginable en comparación con lo moribundo del resto del cuerpo. Y la chica se vio atrapada en el fondo de los ojos de este hombre al que todos los viejos del asilo tenían miedo. El fondo de esos ojos turbios de cataratas que eran un precipicio hacia los infiernos del alma.

Gritó. De puro miedo. Se retorcía, no se podía soltar de la garra de hierro, y se sentía caer y caer en un precipicio inmenso lleno de cinismo y maldad… Miedo, miedo, miedo incontrolado. Los ojos de un hombre que han mirado con placer morir a mucha gente, que han hecho morir a mucha gente por el placer de mirarlos morir…

« Aaaaah ! Qué recuerdos en este grito ! Qué fuerza tiene !

Ah , el olor del miedo!

Retuércete, muñequita, grita, grita para mí ! Si yo tuviera 20 años menos !

Si yo tuviera 20 años menos tú no te me escapabas, no señor !

Esos pechitos que tú tienes me los pasaba yo por la hoja de mi navaja, mmmmmmm ! La suave resistencia que pone la carne blanda de unos pechos de mujer !

La mujer sentada en una silla, brazos atados al respaldo. Ya no sirve de mucho, está ya muy estropeada por el interrogatorio, y le haríamos más favor a su marido de no devolvérsela viva que de entregársela hecha un pingajo, pero todavía se le puede sacar un poquito de divertimento.

Se saca la hoja : navaja de Albacete regalada por un Jefe Provincial aquella vez que fuimos de visita a los camaradas de la región, que tan amablemente los recibieron a mí y a los muchachos, y a los señores curas también, que habían venido en aquel camión, con sus fusiles... La mujer la ve, y aunque ya no lo crees más posible, resulta que aún le queda una porción de miedo en el cuerpo para regalarme. Miedo, mmmmm, al rico y fresco miedo… Dámelo, mujer, dame tu miedo y te dejaré morir en paz.

Se afila la navaja con parsimonia : en esto del Arte no entran prisas. Charlas con la mujer, nunca está de más y es más entretenido ; así te haces una idea de la gente que la echará de menos cuando ella ya no esté entre los vivos… Luego, en cuanto te echas a los deudos a la cara así por casualidad cuando vas a tomarte unos vinos, te vuelven a la boca todos los recuerdos y todas las sensaciones, como regurgitadas, y lo disfrutas una y otra vez y otra y otra más… Sobre todo sabiendo que ellos saben.

En fin, charlas con ella, le preguntas por los niños, por el marido, le das a entender que luego de ella le toca a su hija, que la interrogarás delante del padre…

Te acercas poco a poco, lentamente, disfrutando de cada paso que te acerca a esos ojitos llenos de miedo, te alimentas de ese miedo que es dulce y sabroso, la sal de la vida.

Acaricias a la mujer lentamente con la punta de tu hoja, y por fin, en el momento adecuado, levantas el pecho, metes la cuchilla debajo, y empiezas a cortar dulce, suave, cariñosamente, como sólo se merece un bocado tan exquisito… Un poquito en zigzag , con movimiento de estar meciendo la navaja. Sin prisas : recuerda que no puedes dejar de observar las reacciones de la mujer, ni perder ni un sólo detalle.

No se tarda mucho, pena.

Pero luego empiezas otra vez con el otro.

Y la gracia que tiene darle a la mujer su pecho en mano !

Y lo absurdas que quedan ! Sentadas, con dos agujeros rojos encima de la barriga, y las tetas en las manos en cruz !


Y luego, cuando decides que la vas a dejar ir y la mandas así para su casa, a las 3 de la mañana en cueros por las calles del pueblo, con las tetas en la mano !

Las caras que se les quedan a los maridos cuando te los encuentras !

Tú tienes novio, muñequita ? Tienes novio tú, preciosa?”

Llegan los medicos, alarmados por el gritero, y se llevan a la enfermerita.

El viejo cierra sus ojos y duerme un rato, satisfecho como un beato.

Ha sido Rosario la que ha dado la voz de alarma : algo pasa en la habitación de Ramón, que hay una chica gritando.

Rosario sólo vive para ver morir a Ramón, y ella calcula que ya le lleva timados a la vida tres meses y medio más o menos. Está convencida que si cuando aquel infarto consiguió no morirse, nada le va a impedir ahora ver enterrar al hombre más malo que se ha echado a la cara en todos los días de su vida. Es la promesa que se tiene hecha a sí misma desde el día en que Ramón mató a bastonazos a José, su amor prohibido de toda la vida con el que por fin estaba a punto de casarse después de tanta y tanta mala historia vivida.

Y es que Ramón no pudo soportar ver que Rosario prefería a José, arriero viejo que nunca debió sobrevivir a aquel interrogatorio « dita sea mi sombra, si lo llego a saber qué iba yo a dejar vivo al tío este ! Me lo tenía que haber cargado cuando podía, no que ahora con las pamplinas del nuevo régimen hay que mirar lo que haces porque te meten en la carcel por cargarte a un mierda que no vale pa ná y que no se merece el aire que respira. ».

Rosario estaba a punto de casarse con José cuando la cosa de la guerra, y él se tuvo que ir huyendo porque lo buscaban por haber estado en tratos con unos obreros del campo que se organizaron para aprender a leer y a escribir con unos señores maestros de la escuela. También lo buscaban proque a Ramón, el Jefe, le gustaba su novia Rosario. Y por esa razón lo atraparon y lo interrogaron hasta que se aburrieron de oirle gritar. Luego lo mandaron al Canal de los Presos, a purgar su pena de derrotado, y de ahí a una retahila de penales, y luego el hombre cuando salió se encontró desfasado porque para él habían pasado los años pero no la vida, y para todo los demás sí.

Pero la muy perra de Rosario nunca quiso ponerse de novia con Ramón. Así que Ramón no la dejó ponerse de novia con nadie. Cómo lo disfrutaba Ramón, el ir rondando las calles de su harén intocado ! Desfilar por delante de las casas donde vivían las mujeres marcadas por él que se habían negado a quererlo.

A Rosario le daba igual que la rondaran o no, porque no poda olvidar a su José.

Pero un día por fin se casó con el chófer de los señores donde trabajaba, que era un hombre muy bueno y se portó muy bien con ella y le dio hijos, que llenan mucho la vida.

Y luego, después de tantos años, terminar con Ramón en el mismo asilo… justo en el momento en que estaba a punto de casarse con José, otra vez !

La escabechina había sido tremenda : los sesos de José volando por todo el comedor, los viejos chillando, las enfermeras en pánico, Ramón hecho un coloso y un huracán y un toro dándole una y otra vez a la cabeza de José hasta dejarle la cara completamente desfigurada, la cara de José, mi José, que yo tanto lo quería… Y Ramón, por fin contento, estirandose en toda su altura y saliendo del comedor apoyándose en su bastón y diciendo como un torero : « Con Dios, señores »…

El juez lo dejó quedarse aquí, qué otra cosa iban a hacer con un hombre de 85 años y enfermo…

Él ya lo sabía, por eso se permitió matar a José "qué coño!, por eso, porque me da la gana, y porque a lo peor es la última que me queda!".

Por eso se resistía a morirse. Para no darles el gusto a todos los desgraciados estos.

Y por eso no se moría Rosario. Para no perderse el ver a Ramón con los ojos secos en el cajón.

Estiraban sus vidas como si fueran de chicle, impulsados por el motor del ver morir al otro primero, con la fuerza que les dan las heridas jamás curadas, que por mucho que se empeñen algunos ciegos, siguen estando abiertas y supurantes.

Y Madre, que no viene.

Archivado en con fecha 19/feb/2006 - 4 comentarios

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Comentarios

Chicho dijo hace 3 años y 45 meses:

No puedo comentar nada, C.O.V.

No sé si otros acontecimientos de hoy me han sensibilizado demasiado. Mañana lo intentaré...

Termo dijo hace 3 años y 45 meses:

Sin palabras estoy C.O.V.

He devorado los relatos en un momento, sinceramente, ya nunca podré olvidar a Ramon y ésta historia.

rhea dijo hace 3 años y 45 meses:

Me ha sabido a poco... no hay más entregas?

C.O.V. dijo hace 3 años y 45 meses:

Hombre, como haber hay mucho... pero no voy a contar toda la historia de esta gente, no? Digo yo, al menos sin pedir permiso... Ahora todos los personajes de las 3 historias están muertos. Con cada uno de ell@s se fue toda una biblioteca de anédotas y conocimientos...

Y es que no olvideis que todos los relatos son reales, así como los detalles que se dan de otras historias. Por eso, y no por el argumento, es que estas historias son de Miedo.

Gracias por los comentarios!

Besiños :D !

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