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De Palabras y Otras Historias

MIEDO I.

De como a veces una historia de 3° mano se te incrusta tanto que al cabo de los años un día la tienes que escribir.




Fue María quién abrió la puerta.

- A las buenas nos de Dios, niña. Está tu hermana?

- Anaaaaaá! Que te buscan! Anaaaaaá! –sale corriendo María con sonrisa traviesa a buscar a su hermana y entre saltitos le cuenta las novedades- Ana, Ana, que está aquí el muchacho ese otra vez, y que te está buscando. Es muy guapo, Ana, te vas a casar con él? Te ha traído flores y se ha puesto colonia, Ana. Uy qué guapetón que es! Madre, madre, la Ana se va a casar con un muchacho muy guapo.

- Calla, loca, no digas esas cosas que él a mí no me ha dicho nada de matrimoniarse, no le digas esas cosas a mamá que luego no deja de hacer preguntas!

- Vale, yo ya no digo nada… uy, qué muchacho tan guapetón, y qué buen mozo…. -María se aleja por el pasillo toda ansiosa y se sienta en la cocina con su calceta. Menos mal que la madre no anda muy bien de oído y no se ha enterado de lo del matrimonio de Ana con el guapetón, pero María está que no se controla, y se va poniendo más puntos en sus propios dedos que en los calcetines que está arreglando.

Entra Alonso en la cocina con cara de pocos amigos y María le dice por señas que no diga nada, que la madre no lo sabe aún. Él no dice nada, pero deja entender muy a las claras que no le gusta nada ese hombre para su hermana.

- Ana lo quiere -le dice María en la oreja mientras le pone el plato de garbanzos.

- Pero es mala gente -contesta él mientras recibe la cuchara.

- Anda ya, cómo puedes decir eso? Si no lo conoces! –susurra María cortándole el pan.

- No hace falta conocer a alguien para darse cuenta de cómo es. Y te digo yo que ese es mala gente. -replica él sirviéndose el agua que ella le ha traído- Y después, ácidamente, en un susurro para que nadie le oiga continúa en sí mismo : y lo sé muy bien, lo sé muy bien porque yo también soy mala gente, por eso lo sé. -y sigue comiendo. Sí, él también es mala gente, por eso sabe reconocer a otro como él. Y este hombre que pretende a su hermana… es mala gente, pero mala gente de categoría superior…

- Desde luego, serás el hermano mayor, pero eres de un fantasioso… -dice ella mientras se sienta de vuelta junto a la madre y retoma la calceta.

- Niña, qué pasa con tu hermano? –pregunta la madre, desde el silencio de su sordera.

- Nada, madre, que mi hermano Matías, que donde estará que no llega todavía para la comida.

- Este niño, esa carretera tan larga, en bicicleta… Ay, un día os va a pasar algo a alguno, y yo me voy a morir de la pena…

- Ande, ande, madre, no diga tonterías –grita María para que la oiga su madre- qué nos va a pasar a nadie, ni qué nos va a pasar! Si mire lo bien que estamos todos, hombre! Padre trabajando, mi hermano Alonso y mi hermano Matías también, usted, cosiendo como nunca para los señores, y yo aquí ayudando con lo mismo. Mi hermana Ana trabajando con los marqueses, que hay que ver lo bien que cocina y cómo la quieren los señores marqueses… Vamos, madre, no me diga que ahora nos puede pasar algo a ninguno de nosotros, que tenemos la suerte en casa !

- Dios te oiga, hija, dios te oiga… y los hombres le hagan caso.

Entra Ana en la cocina levitando sobre una nube de felicidad, se sienta al otro lado de la mesa y coge también algo de costura.

- Me quiere, María, me quiere y se quiere casar. –se hacen confidencias en susurros.

- Uy, qué nerviosa estoy !

- Dice que en unos meses, que ahora tiene que ver para no se qué de un trabajo muy bueno que le va a salir, y que en cuanto pueda, viene a pedirle a padre mi mano.

Alonso golpea el plato cada vez que introduce la cuchara.

- Alonso, hijo, que vas a romper la vajilla! –se despierta por un segundo la madre.

- Qué te pasa a ti?

- Pues qué me va a pasar! Que no me gusta ese tío, hombre, que es mala gente y ya está!

- No te preocupes, Ana, es que ahora le ha dado por decir eso.

- Pero Alonso, yo…

- Mira, Ana, tú harás lo que quieras, pero yo te digo a ti que ese tío es mala gente, muy mala gente. Tú verás. –Se levantó de la mesa y se fue a su cuarto, dejando la cocina con un extraño regusto de felicidad mezclada con superstición.





Es la madre la que abre la puerta.

- A las buenas nos de Dios, señora. Está su hija?

- Sí hombre, como no ! Espérese usted un momento que ya la llamo.

Sale Ana arrastrando los pies. Casi sin entusiasmo.

Ramón la coge por la cintura y la lleva un poco más lejos, Ana se deja hacer en el abrazo de hierro de este hombre que le da miedo.

- No me mires así, Anita, que mira que eres rencorosa, no tienes compasión de este pobre corazón enamorado?

- No, no, si no me pasa nada… si es que… es que tengo un poco de dolor de cabeza –miente ella.

- Ah no, eh ! Eso no, eh! Esta cabecita es mía y no puede hacerle daño al cuerpo de su ama, dónde vamos a ir a parar… -le besa suavemente la cabeza, una y otra vez, hasta hacerle cosquillas. Ana se echa por fin a reír. Ramón es tan tierno…- Anda, mi reina, nos vamos a dar una vuelta?

- Vale, nos vamos.-El mundo es grande y hermoso, piensa Ana.





- Hace ya tres días que no viene tu novio, Ana, es que está enfadado ? -pregunta la madre junto a la calceta.

- No, madre -titubea Ana- No ha pasado nada…

- Ya vendrá el sábado o el domingo, madre -contesta entusiasta María- no es que dijo que tendría mucho trabajo y estaría demasiado cansado por las tardes?

- Bueno, hija, eso está muy bien, que tenga trabajo, eso está muy bien…

- María –susurra Ana mirando la gota de sangre que le corre por el dedo que se acaba de pinchar- y a mí que ese hombre me da miedo…





Es María quien abre la puerta.

- A las buenas nos de Dios. Está tu hermana?

María duda y no responde.

- Bueno, qué, te comió la lengua el gato o qué?

- Sí, sí que está mi hermana. – María se queda paralizada en el quicio de la puerta.

- Bueno, pues dile que salga, que la estoy esperando.

- Vale, vale, ya voy.

Sale Ana tras una eternidad contenida en 5 espantosos minutos. Ramón le echa el brazo, y sale andando con ella como si no ocurriera nada. Como si Ana no llevara un ojo morado. Como si hace solo 24 horas él no le hubiera partido la cara al ver como la miraba un muchacho de otro pueblo mientras paseaban por la feria.

- Oye, Anita, te podrías haber puesto más guapa, no? Qué llevas puesto, la bata de andar por casa? Qué pasa, que no me merezco yo una mujer guapa a la vera?

- No, no, no sé…

- Qué no sabes, qué no sabes ? Que no me lo merezco o qué es lo que llevas puesto? Vamos a ver, es que eres tonta o qué?

- No, es que como ayer me dijiste que me había puesto demasiado guapa- Ana se retuerce el abanico y mira al suelo, intentando controlar los temblores que le produce la mirada de este hombre.- pues ya no quería ponerme demasiado para que nadie me mire, sólo tú.

- Pero mira que eres boba, en mi vida me creí que fueras tan boba! –Ramón se va enervando poco a poco -Lo que te dije ayer fue que no te vistieras como una puta, que te miran los hombres. Y tú vas y te vistes hoy como una rata pobre! Si es que eres tonta, si es que tú eres tonta y yo soy un cabrón por estar con una boba inútil como tú. Que no llores, tonta! Mira que soy un desgraciao! Mira que irme a fijar en una tonta estúpida, inútil y boba! Bueno, qué, no paras de llorar? Mira que te doy para que llores con razón, eh, mira que te doy!

Ramón tiene el puño levantado y agarra a Ana por la muñeca. La gente mira de reojo. Algunas vecinas se regocijan tras las persianas.

- No me pegues, no me pegues… Mira, estamos todavía estamos cerca de casa, todavía me puedo ir a cambiar…

- No no no, de eso nada… Tú te vienes así a la feria, como una fregona, que eso es lo que eres tú : una pedazo de fregona. Que te crees tú que por fregar la mierda de unos señores marqueses eres más, pero eres una puta fregona de pueblo igual que todas las demás, una puta fregona igual que todas. Y ya verás, ya verás como vas a resultar a fin de cuentas una puta más, igual que todas. Si es que soy un desgraciao, si es que sólo me topo con putas!

- Pero Ramón, cuando te he faltao yo a ti para que tú me digas esa palabra tan fea!

- Que te calles, puta, pedazo de puta, cállate ya que me molestas !- corren por la calle. Ramón con la cara contraída por la rabia, Ana llorando e intentando controlarse para que la gente deje de mirarla. Intentando controlarse para que Ramón deje de estar enfadado, para que vuelva a ser otra vez el muchacho alegre y simpático que es cuando está contento, cuando ella no lo ha enfadado. Mira que es torpe, mira que soy torpe, mira que no saber más que enfadar a un hombre tan bueno…

- Espera, no vayas tan rápido, que me voy a caer!

- Mira, so puta, ya no te aguanto más! Vete a tu casa y que te aguante tu madre, que yo me voy a emborracharme, so puta, que eres una puta!

Y se fue.

Ana intenta recoger los pedacitos de su dignidad, que se han quedado por ahí esparcidos, y se vuelve a casa entre un pasillo de miradas y cuchicheos.

En la cocina el hermano la mira y no puede evitar decir

- Te lo dije.





Fue la madre quien abrió la puerta.

- A las buenas nos de Dios, señora. Está su hija.

- No, mira, no está. Se ha quedado en casa de los señores.

- … que no está? …cómo que en casa de los señores?

- Pues sí, mira. La señora marquesa está casi de parto, ves, y mi hija se va a quedar hasta que sea necesario.

-… Y se sabe cuando volverá?

- Pues no, ya te digo, que será cuando la señora marquesa no la necesite más.





Fue María quien abrió la puerta.

- Buenas. Tu hermana.

- Está en casa de los…

- Ha vuelto esta mañana que me lo ha dicho la señora de enfrente.

- Sí, pero se ha ido otra vez. Sólo ha venido a coger ropa limpia, que la ha traído el señor marqués.

- El señor marqués. Ya, claro, el señor marqués. Qué pasa, que no tiene bastante con un hombre honrao y trabajador como yo, y se ha buscado un marqués que le pague los caprichos, no?

- Mira, Ramón, yo lo único que te puedo decir es que ella no te quiere ver más. Si te gusta bien, y si no, también. Pero deja de decir cosas feas de ella porque ella no es esas cosas que tú andas diciendo por ahí.

- Claro, tú que vas a decir, si seguro que eres tan puta como ella. Y tú no te darías una
vuelta conmigo, mientras tu hermana se revuelca con el marqués?

María se suelta del abrazo del hombre y cierra asustada la puerta de la casa.

Busca una tranca y asegura la puerta con ella.





Nadie vino a abrir la puerta. Era la cuarta vez que Ramón venía y nadie abría. Pero esta vez será la última.

Se marchó Ramón a casa y volvió tan rápido como se había ido, arrastrando un hacha de leñador. No le dio tiempo a llegar a la altura de la puerta, y ya estaba dando hachazos al aire. María, Ana y la madre gritaban y gritaban dentro de la casa, Ramón destrozaba la puerta y las vecinas se fueron corriendo a los bares a buscar a los maridos.

Llegaron como diez o doce hombres y entre todos tuvieron que emplearse a fondo para someter a Ramón, que estaba completamente furioso y no hacía cuenta de dónde daba con el hacha; pared, puerta o carne.

Se lo llevaron a un bar y lo calmaron a base de vino peleón y charlas de hombre. Terminaron todos convencidos de la maldad de la condición de la mujer, y lo mártir que es el hombre ante semejantes harpías. Un héroe, eso es lo que es Ramón, un héroe con dos cojones que defiende lo suyo.

Nadie vino a consolar a las tres mujeres que se abrazaban desconsoladas en un rincón de la cocina, empapadas en lágrimas y en la orina de alguna de ellas.





La puerta amanecía pintada cada noche con palabrotas escritas en negro carbón, y la madre y María las encalaban antes de que cantara el gallo y las vecinas pudieran cotorrearlas.

Ana no salía sola a ninguna parte porque cada vez que lo había intentado, Ramón se ponía a 5 pasos de ella y le miraba tan intensamente la nuca, que más que una mirada aquello parecía un bisturí de odio y amenaza.

Tampoco María salía sola, porque Ramón se ponía a 5 pasos de ella y le contaba a todo el que quisiera oír que ahí iba la puta hermana de una puta cruel que le había roto el corazón a él, un hombre bueno y honrao que nunca le había hecho mal a nadie. Qué malas son, qué malas son todas.

A fin de cuentas, ninguna de las dos salía, porque no podían soportar el peso de los comentarios de la gente.

La madre sólo iba de la plaza a casa, de casa a la plaza, cargando sus mandados y su pena. Sólo se le acercaban vecinas para enterarse de lo de las hijas, y hasta su comadre daba por hecho la versión que circulaba por el pueblo, según la cual, las hijas de esta familia eran las dos unas rameras que trabajaban en la ciudad, no en casa de los marqueses, sino en casa de una madam. Todo el mundo tenía lástima de la madre, tan buena persona, no se merecía lo que le había tocao con esas hijas perdidas.

Los hermanos ya no iban a los bares del pueblo, porque cuando la gente se emborrachaba empezaba a hablar de sus hermanas, y ya se habían tenido que pelear dos o tres veces con borrachos hijosputa que decían barbaridades de la Ana y la María.

Todo el pueblo compadecía a Ramón, tan buen chico, tan alegre, con tan mala suerte con las mujeres. Y la sobrina del cura lo andaba mirando con buenos ojos, porque el hombre le daba penita.

Él se dejaba consolar.





Fue Alonso quien abrió la puerta.

- A las buenas nos de Dios. Está tu hermana?.

- Sí que está.

- Ah! Pues dile que salga, que tengo que hablar con ella.

- Mi hermana no te quiere ver y yo no quiero que hable contigo, así que ya te estás largando con viento fresco por donde has venido.

- Y quién eres tú para decirme a mí lo que tengo que hacer, y a quién le puedo hablar yo?

- Pues te lo voy a decir, aunque tú eres un mierda que no se merece ni que lo miren. Yo soy un tío todavía más mala gente que tú, y no sólo eso, sino que tengo más mala hostia que tú. Y además de todo eso, da la casualidad que tengo también una escopeta de perdigones, fíjate. Te parece bastante lo que tengo y lo que soy, o no te parece.

- Tú lo que eres es el puto hermano de dos pedazo de putas, y eso duele, cabrón.

Y sin mediar más palabra, ni cambiar en lo más mínimo la expresión en su mirada, Alonso cogió la escopeta que tenía apoyada junto a la puerta y se la echó a la cara. Ramón al ver el porte de oso armado que se le había puesto a Alonso, se dio la vuelta y corrió por su vida.

Justo a tiempo, ni un segundo más ni un segundo menos, porque el perdigonazo que recibió en la oreja indicaba la determinación de tirar a matar que tenía Alonso.

Ramón no volvió nunca más a casa de Ana, aunque siempre la vigiló de lejos y nunca olvidó el orgullo maltrecho de macho herido. Cómo olvidarlo, si veía la marca del deshonor cada vez que se miraba en el espejo y miraba el perfil de su cara, con una sola oreja.

El rencor se lo comía.

Por eso, cuando le hablaron de un nuevo grupo que estaban formando con muchachos jóvenes y decididos que quisieran luchar por la Unidad de la Patria, Ramón se apuntó directamente.

Cuando se vio en el espejo con su camisa azul se sintió por fin en casa.

Archivado en con fecha 31/ene/2006 - 6 comentarios

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Comentarios

C.O.V. dijo hace 3 años y 46 meses:

Holas a tod@s, buenas...

Bueno, Rhea, te debía una explicación.

Este finde lo he pasado con una fiebre de caballo, de aquellas que no puedes dedicarte a nada más que a estar mal.

Y a esas que andaba yo (es un decir) entre sueño y sueño febril mientras algún que otro niño saltaba por mis encimas, sin poder leer ni ser persona, cuando a esto, que como no tengo otra cosa que hacer, me pongo a acordarme de historias que alguna vez me contaron.

Y así estaba cuando me asaltó la historia del miedo que pasó Matías una noche, el miedo de su vida, aunque ya pasaba miedo cada día. Y ahí me quedo, horas y horas pensando en aquella historia, que no llegaría a durar más de 10 minutos quizás. Y como no podía hacer otra cosa con ella, pues decidí escribirla.

El problema es... que es una historia real. Con personajes reales, miedos reales, muertos reales, apellidos reales y todo muy real.

Ahí fue cuando tuve mis dudas, porque vale, a mí me habían contado la historia, pero tengo yo derecho a contarla a otros, incluso de novelarla?

El domingo entero estuve dudando entre el deseo y la conciencia.

Así que el lunes, cuando ya era de nuevo medio persona, me siento ante mi pantalla para repasarme la actualidad, me encuentro de pronto sin querer escribiendo la historia en la pantalla de respuesta de un hilo en el foro de los gnvs ... Para colmo, me doy cuenta que para comprender el pánico de aquella noche, hay que conocer la historia previa de los personajes. Así que me ví contando el prólogo en vez de la historia que yo quería contar, que se me ha convertido en el Episodio II, por así decirlo... Para que se comprendiera el miedo tenía que novelarlo como en una película, si no, se perdía el significado.

De las ganas que tenía de soltar la historia me escribí los dos capítulos en un sólo día.

Y bueno, ahí está ya. Dentro de unos días os cuelgo la II parte, y a ver cuando escribo la III, que es la que menos me apetece porque es la parte de la historia que menos conozco.

Saludos.

rhea dijo hace 3 años y 46 meses:

Por desgracia esta historia es común a muchas mujeres, las cuales no tuvieron la "suerte" de darse cuenta de lo que se les venía encima antes de unirse en "sagrado e indisoluble" matrimonio o tener un hermano que las protegiera.

zerolo dijo hace 3 años y 45 meses:

cov, no follas mucho, verdad?

LaProfe dijo hace 3 años y 45 meses:

:D Me ha encantado C.O.V, sigo leyéndote wapa ;)

Scott dijo hace 3 años y 37 meses:

Thank you!
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Janice dijo hace 3 años y 37 meses:

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