De cómo nada es verdad, todo es mentira, y las palabras son lo que deseen ver los ojos que las miran. Sobre todo, si los ojos son los de un padre que ha de juzgar la chiquillada inocente de su hijo.
Cierto es, muy señor mío, que si hasta la palabra más pequeña a veces tiene tantos significados como ojos que la interprete, lo mismo ha de pasar con palabras grandes y ya de por sí pesadas ; sobre todo si el concepto que representa depende de la interpretación de quien la pronuncia. No definirá la palabra Crueldad de la misma forma el sujeto que la imparte, el objeto de la sufre, o aquellos que son testigos de ella.
Así pues, definamos Crueldad. Y, en honor a la libertad de interpretación de cada cual, hagámoslo contraponiendo puntos de vista.
Tomemos por caso la Fiesta Nacional : Arte en estado puro y con mayúsculas según los puristas, los aficionados, los que viven de ella más o menos directamente. Tortura cruel e inhumana según los defensores de los animales y demás fauna detractora. Al toro mejor no le preguntamos, aunque no le hace falta un idioma humano para expresar con sus berridos lo que a él le parece que le hagan objeto del Arte de la Lidia.
Cuestión de interpretación, cuestión de los ojos que la miran.
O tomemos también por ejemplo el pâté de foi. Exquisitez para paladares finos, lujo de sibaritas, objeto de culto culinario y origen de tendencias, negocio floreciente y artesanal que mueve turismo y hace cultura. Y también alimento obtenido por medio de la tortura : esos gansos a los que se ceba hasta el hartazgo y cuando ya no pueden comer más por sus propios medios se les introduce el pienso en el gaznate mediante un embudo con una calma y una paciencia exquisitas que algunos, cuestión de interpretación, podrían considerar incluso cruel. Y cuando el animal muere literalmente reventado ya se puede extraer su hígado, artificialmente engordado, hinchado, mortal. Una exquisitez que se derrite en la boca, según sus consumidores. Sadismo cruel, según otros.
Cuestión de los ojos que lo miren, cuestión de interpretación.
Podemos hablar también del trabajo infantil. Según unos (curiosamente aquellos cuyos hijos no han de trabajar), método de sustento imprescindible no sólo para familias pobres y tercermundistas en aquellos paises donde si no trabajas no comes, sino además base de la riqueza nacional y buen método de aprendizaje para el futuro. Sin olvidar que también hace maravillas en la lucha contra la prostitución infantil: mientras que un niño está fabricando ladrillos de construcción para colaborar en la supervivencia familiar y la economía nacional, es evidente que no tiene tiempo de dejarse prostituir por turistas al acecho de carne fresca. Pero según otros, el trabajo infantil es sinónimo cruel de esclavitud y pobreza porque garantiza el deterioro físico de generaciones completas y su falta de preparación académica, con todo lo que ello implica. Sin olvidar que un esclavo no tiene horarios, y que después de fabricar ladrillos durante 10 horas al día, a una niña de 9 años aún le quedan muchas horas para que la alquilen como colchón en los barrios donde pasean los turistas gordos que pueden pagar.
Cuestión de interpretación, cuestión de la poltrona que ocupa el que opina.
Sigamos con niños. Hay gente que para castigar, como son muy responsables y no aceptan los castigos físicos, gritan como locos a sus hijos o simplemente les niegan la palabra y la mirada hasta que se les pase. Creen que así los niños no sufren, pero para los niños es una tortura pensar que su papa, su mama ya no les quieren. Niños que cojen todos los complejos posibles y se convierten en adultos inseguros y fácil víctima de malos tratos (y por ende, maltratadores en potencia) porque papá, mamá, los torturaba cruelmente mediante la negación de afecto.
O sin ponernos tan melodramáticos, tomemos a un gato y colguémosle de la cola una ristra de petardos. Para algunos chiquillada inocente, divertimento idiota pero inocente de chiquillos de todas las edades que alguna vez fueron, casi tradicional en algunas zonas. Para otros tortura cruel para con los animales, el típico juego del que 20 años después te arrepientes pero que en el mismo momento te hace disfrutar como loco a tí y a tus 15 amiguitos mientras observais al gato pegando bricos y unos maullidos de aquellos que le llegan a Pedro Botero a la zona de calderas, al fondo del infierno a la derecha. Para el gato, forma extremadamente dolorosa y cruel de terminar con los genitales quemados o reventados, incluso muerte atroz.
Siguiendo en lo mismo : quién no le ha sacado las alas a un zapatero, las patas a un grillo, la cabeza a una mosca ?
Podemos considerar cruel el descuartizamiento de un invertebrado ? Tiene ánimo de sadista aquel que por diversión echa sal sobre el cuerpo de una babosa para verla moquear y retorcerse ?
Es cruel el que se entretiene en aplastar con un palito una a una todas las hormigas de una hilera jugando a que bombardea un convoy de terroristas ?
Obtiene placer con la idea de matar, es un sádico aquel que rocía con veneno una colonia de hormigas para que no le sigan estropeando las plantas, o mata sólo por « supervivencia » y por tanto, al no obtener placer por ello, no es sádico?
Y aquel que bombardea un convoy de terroristas o de presuntos civiles : lo considera un juego, como si estuviera aplastando hormigas con un palito ? Obtiene placer, lo realiza como acto de crueldad y sadismo, o solo por “supervivencia” y porque cumple órdenes?
Y aquel que ordena bombardear un convoy de supuestos lo que sea, una ciudad populosa. Obtiene placer del hecho de matar y poseer la vida de la gente o ya le vale el placer que le supondrá ver la cuenta de los innegables beneficios ?
Cuestión de poltronas, cuestión de intereses. Cuestión de puntos de vista. De interpretación.
Pero desde luego, señor mío (desde la silla que ocupo delante de mi pantalla, sin ningún interés personal por mi parte en este asunto, representando mi modesto punto de vista, y respondiendo únicamente a mi propia interpretación, que por supuesto nada tiene que ver con la Única Verdad Absoluta pues ni la poseo ni la deseo) a mí me parece que reirse, denigrar, burlar y humillar a una mujer, impedirle el sueño y el descanso por la noche, arrojarle repetidamente objetos de la calle, insultarla, patearla, golpearla, para luego, amparados en la superioridad numérica, la nocturnidad, la saña y la alevosía, ir a por un menor de edad para engañarla, conseguir que abriera la puerta, rociarla con disolvente y prenderle fuego a lo vivo para que fuera consciente hasta la última millonésima de segundo de la poca vida que le quedaba de un dolor inmenso, absoluto y universal, y realizar todo ello con una sonrisa sádica en los ojos y con los labios expandidos en una generosa sonrisa de placer, es una manera más que aceptable de definir gráficamente la palabra Crueldad.
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El poco valor que algunos les dan a las cosas, junto a la falta de atención y de afecto, es lo que transmiten a sus hijos y lleva a que ocurran sucesos como el ocurrido a María del Rosario Endrinal Petite, nombre y apellidos de la denominada indigente fallecida después de ser apalizada y quemada, como si ignorando su nombre se pudiera deshumanizar y paliar el horror que a tod@s nos debe producir la noticia.
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