de las paridas que te llegan a inspirar tres palabras sugerentes un sábado a las 11:34 pm...
No molestes, no ves que estamos tejiendo la red?
-Perdón, creo que me he perdido.
-No tienes nada que hacer aquí, vete!
-Perdón, lo siento, creo que me perdido mientras paseaba… No quería molestar.
-Kab, Hermano. Le has dicho a la niña que se vaya? Es una mortal ?
Entonces no se puede ir.
-Ou, Hermano, aquí no se puede quedar. Qué piensas, Ter ?
-Hermanos. Yo creo que aquí no puede estar. Pero tampoco puede volver a su mundo. Contaría lo que ha visto.
-Quién la creería ?
-Y qué es lo que ha visto ?
Eso, qué es lo que he visto ?
Qué significa todo aquello que he visto en esta cueva ?
Pasillos, pasillos cada vez más profundos, estrechos y luminosos…
Vueltas, vueltas, recodos, más vueltas, bocas de túneles oscuros, ramificaciones luminosas con cada vez más ramificaciones…
Un tunel que desemboca en una gran sala blanca de piedra que late. La luz que viene desde arriba, miro y veo que viene de las raices de un arbol, que cuelgan y se mecen al aire de la sala. Laten. El techo está marcado de raices, es como si estuviera mirando un cuerpo cubierto de piel y con sus venas… Pero son raices y tierra. Y laten...
En el centro, bajo las ramas, no, las raices colgantes del árbol hay un altillo, como un escenario. Y allí hay tres figuras. Y las figuras tejen. Les miro tanto, miro durante tanto tiempo, que de pronto me doy cuenta que me duelen las piernas. Veo como de unas grandes cestas rebosan nubes blancas que se van convirtiendo en hilo brillante. Veo como cada hilo va siendo engarzado por los tres hermanos en agujas que se van moviendo rápidamente de aquí para allá, veo como se va formando una red de hilos brillantes. Y veo cómo la red se va arrastrando flotando hacia arriba, poco a poco; tal como va creciendo y según se van completando nudos y figuras, la red va subiendo hacia la raíz central del árbol.
Y lo que veo entonces es que al entrar en contacto con la raíz, la red se deshace como si fuera de azúcar, se derrite, se licúa y se deja absorver por la raiz.
Así todo el tiempo, así toda la red.
Veo a los tres tejedores trabajando frenética pero suavemente. Aunque no se mueven, la rapidez de sus manos es luminosa, y sólo paran un momento cuando se les acaba un hilo.
De tanto ver no se lo que veo, pero al fin los tejedores me ven a mí.
Y ahora están decidiendo qué van a hacer conmigo.
No me puedo quedar porque aquí no pueden sobrevivir seres de carne y sangre.
No me puedo ir porque contaría lo que he visto.
Y además, no comprendo lo que he visto.
Bueno, sí lo comprendo, pero no lo puedo creer.
Sí lo puedo creer pero no lo puedo admitir.
He visto cómo unos viejos apolillados tejían cuentos.
Los cuentos que mantienen a la gente en la inopia.
He visto cómo tejían una red de cuentos subterráneos de miedos y pesadillas, envidias, guerras y odios, y cómo la red ascendía por las raices de un árbol para ser esparcidas por el mundo con la respiración de la Naturaleza.
He visto cómo los viejos tejedores tejen las mentiras que adormecen al mundo.
Tejen para nosotros toda una red de palabras que nos impide crecer, que nos impide pensar.
Tejen las supersticiones, los tabúes y los miedos para que la gente se quede donde está, para poder manejarlas más facilmente como a un rebaño de ovejas.
Y veo también que lo han hecho siempre.
Que siempre lo harán.
Ahora veo que me miran.
Creo que ya han decidido qué hacer conmigo.
También sé porqué me duelen tanto las piernas.
Hay una red de hilos brillantes que trepa hacia mi cara y que ya ha cubierto mis piernas.
Los viejos están tejiendo en mi dirección, mientras me miran.
La red serpea y trepa sobre mí.
Ya me ha atrapado completamente y ahora sé que estoy subiendo.
Seguramente lo que estoy sintiendo ahora es mi carne derritiendose, pero no duele. Siento como me derrito junto con la red y soy absorbida por la raíz del árbol.
Aún veo a los viejos, bocabajo. Uno de ellos me sonríe y mientras teje se le cae una lágrima.
Me estoy convirtiendo yo también en un cuento de esos.
Pero este viejo que me ha sonreido me ha convertido en Pandora, sólo que al revés.
Ahora que de mí sólo queda mi cabello flotando sé que en medio de todo este espanto que tejen los viejos, yo voy a meter de contrabando unas sonrisas.
Y a ver qué pasa.
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